El otro día uno de mis socios me dijo, al ver mi agenda, que mezclaba mucho vida personal con mi “horario de oficina”. No lo voy a negar, casi me da un ataque de risa. ¿De veras queda alguien que trabaje en este sector y crea que tenemos un horario que cumplir? Todos sabéis que me gusta responder a los mails casi al instante y que cuando algo es urgente, es urgente. Por eso no me importa trabajar a las once o doce de la noche ya que puedo hacerlo.

Sin embargo hay cosas que no puedo hacer a las doce de la noche, como ir al banco a hacer alguna de esas gestiones que se deben hacer in situ o ir a pagar mi titulación universitaria, que aún no lo he hecho. Ese tipo de cosas se deben hacer en “horario de oficina”.
Realmente no es que no sea bueno marcarse un horario a cumplir, yo siempre he sido un defensor de ello. Pero si que creo que la utilidad de un típico horario de 9 a 18 ya no es tal:
- El horario de oficina facilitaba la comunicación interna al estar todos en un mismo momento y lugar, ahora tenemos IM, BlackBerry, mail, Twitter… ¿De veras hace tanta falta que la comunicación sea en un mismo momento y lugar?
- Antes había que trabajar en la oficina que es donde tenías los medios pero… ¿Y ahora? ¿Hace tanta falta acudir a diario a una oficina o puedes saltarte “la norma” algún día que otro?
- Ahora vivimos en un mundo sin horarios, y es ello lo que imposibilita que el trabajo se haga de 9 a 18. Yo muchas veces recibo y respondo mails más allá de la media noche y estoy seguro que más de uno de vosotros, lectores, también.
Es por este tipo de cosas que creo que el horario de oficina, al igual que la izquierda y la derecha políticas, es una leyenda urbana en los días en que nos ha tocado vivir.
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