
Este post es una traducción libre de este otro de Dave Trott al que llegué gracias a mi amigo Dani Seuba y que dejo aquí, en castellano, por lo inspirador que me ha parecido. Espero que lo disfrutéis.
El comandante de aviación John Cunningham estaba a cargo de un escuadrón nocturno.
Durante el bombardeo, su escuadrón derribó el doble de aviones que ningún otro escuadrón nocturno.
Todo el mundo conocía el secreto.
Cunningham tenía una excelente vista porque comía muchas zanahorias.
Las zanahorias contienen vitamina A.
Que ayuda a mejorar la percepción de la luz en la retina, y a recuperarse rápidamente después de un destello de luz brillante en la oscuridad.
En aquellos días la gente corriente no había oído nada sobre las vitaminas.
Fue una gran noticia, que acabó en todos los periódicos.
Cunningham se convirtió en una celebridad.
Además llevaba siempre gafas de sol durante el día.
Sólo se las quitaba por la noche, para volar.
Esto mantenía su visión nocturna más sensible.
Obviamente, sus ojos eran más claros que los de los demás, que estaban expuestos a la luz todo el día.
Su excepcional vista convirtió a Cunningham en un piloto nocturno realmente efectivo.
Bueno, no tanto.
Su escuadrón había derribado el doble que ningún otro bombardero u escuadrón.
Pero no tenía nada que ver con la vista.
Eso era sólo propaganda.
La RAF en realidad había desarrollado un sistema combinado de radar.
La mitad sobre la base de tierra, que guiaba a los pilotos nocturnos en formaciones de bombardeo.
La otra mitad en el avión, que guiaría a los pilotos individualmente.
Era el primer radar de este tipo en el mundo.
Y el escuadrón de Cunningham fue el primero con este equipamiento
Si el enemigo se enteraba, tomaría medidas en su contra.
Cuanto más tiempo la RAF pudiese mantener el secreto a salvo, mejor.
Cunningham se convirtió en un héroe nacional.
Los espías enemigos informaban a Alemania de que la razón por la que estaban perdiendo tantos bombarderos eran los mortíferos ‘ojos de gato’ de Cunningham.
Y por mucho tiempo la Luftwaffe creyó esa historia.
Perdieron muchos bombarderos a manos del radar antes de que descubrieran la verdad.
Porque una mentira simple es a veces más poderosa que una verdad complicada.
Al menos cuando se dirige a la comunicación de masas.
No importaba que no fuese verdad.
Todo lo que importaba era: ¿Se lo creía el público objetivo?
Y, para mucha gente, algo que llama a la imaginación es mucho más poderoso que algo que sólo llama a la razón.
Maggie Tarcher era una maestra en esto.
Ese es el porqué de que fuese capaz de ganar tres elecciones seguidas.
Una vez la oí en TV, hablando cobre la economía a un entrevistador de la BBC.
Él preguntaba por qué no hizo caso de los consejos de su gabinete financiero.
Ella respondió algo como “Bueno, cuando se trata de dinero, las mujeres siempre hemos tenido que hacernos cargo del funcionamiento del hogar. Por eso pienso que somos algo mejores que los hombres manejando dinero.”
Por supuesto, se pudo oir a los lectores de The Guardian gimiendo con incredulidad ante esa declaración.
Pero también se podían escuchar muchas, muchísimas amas de casa a lo largo del país asintiendo vigorosamente de acuerdo.
Y si, hay muchas más amas de casa que lectores de The Guardian.
Y esas amas de casa entendieron lo que la señora Tatcher estaba diciendo.
Una vez más, no importaba si era o no verdad.
Lo que importaba era que el público objetivo quería creer.
Ese es un gran problema en nuestro negocio.
Somos demasiado claros.
Y pensamos que ser claros siempre funciona.
Todos somos graduados por la universidad y venimos con la solución que creemos que tendrá sentido para una persona inteligente.
Una persona como nosotros.
Un problema.
Fuera del Soho, en el mundo real, la mayoría de la gente no es como nosotros.
Ellos no trabajan en los medios, no aspiran a beber en bares trendy ni a comer en los últimos restaurantes.
No están interesados en el pequeño mundo de la escena mediática de Londres.
Y, sobre todo, no les puede importar menos.
Entonces, si queremos hacer algo que funcione para ellos, tenemos que olvidar qué funciona para nosotros.
Necesitamos hacer algo que penetre en su mundo.
No se trata de algo que nosotros creamos.
Sino de algo que ellos quieran creer.
Simplemente maravilloso!