Desde hace tiempo se llevan oyendo voces pidiendo que la SGAE se convierta en entidad pública y ahora, con el tema de las detenciones y la ‘Operación Saga’, más. Creo que es un tema difícil de abordar, y que simplificarlo de esta manera no resulta nada positivo ni para los internautas, ni para los autores, ni para la sociedad en general.
Las entidades de gestión de derechos de autor tienen un fin: cobrar los derechos de sus socios intermediando entre éstos y las empresas que hacen uso de los materiales sujetos a los mismos. Esto lo explica muy bien Guionista Hastiado en su post en bloguionistas. Partiendo de esta base, las entidades de gestión de derechos no son muy diferentes, como empresa, a los agentes y demás intermediarios que actúan en la industria cultural y del entretenimiento.
Otro tema muy importante es que, pese a ser la más visible y odiada, la SGAE no es la única entidad de gestión de derechos de autor en este país, y como todos convendremos, la libre competencia es un bien muy preciado del que no se debe prescindir tan a la ligera.
Entonces, ¿Cuál es el problema con las entidades de derechos en general, y la SGAE en particular? Estamos hablando de un mercado con muy pocos agentes, casi un oligopolio e incluso rozando el monopolio técnico (aunque haya muchas entidades, unas pocas agrupan la mayoría del negocio). Es ahí donde sí debe entrar el Estado para garantizar que se cumplan unos mínimos, como ya sucede en otros mercados como la energía.
Esto, en definitiva, quiere decir que aunque esté de acuerdo en que las entidades de gestión de derechos de autor existan y en que sean empresas privadas, creo que hace falta un control mucho mayor por parte del Ministerio de Cultura, auditando y garantizando que éstos cumplan con su deber. Una mayor transparencia no puede hacer más bien a este sector tan enquistado, que nadie llegamos a entender del todo y del que no se sabe qué derechos gestionan y cuales no. Creo que una lista de socios pública, unas cuentas auditadas por el Estado y una renovación de la industria (que también es MUY necesaria) resolverían este brete y acercarían la industria cultural al siglo XXI.
Queda mucho por hacer, mucho por probar y muchos errores que cometer, pero lo que es obvio es que no se puede seguir alargando este enfrentamiento absurdo entre creadores y consumidores por una absoluta falta de innovación y una negación de la realidad que no llevan a ningún sitio.